
El sentimiento de culpa previo al momento en el que se concreta definitivamente la ruptura, puede hacer que, quien valora esa decisión en su interior, aplace de forma indefinida la conversación. Quizá no sea fácil afrontar ese momento, pero es necesario (por uno mismo y por respeto al otro). La ruptura adquiere otra dimensión cuando no se percibe como un desenlace en el que existen víctimas y culpables. La responsabilidad afectiva, por el contrario, supone hacerse cargo de aquello que es coherente con el proyecto vital propio, los sentimientos de la otra persona, la felicidad que merece… ¿Cómo romper una relación de pareja sin sentirte culpable por ello? Guía práctica para dar el paso y pasar página.
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